Entre otras historias, me cuenta mi abuela
algunas de cuando ella estaba pequeña
sus arrugas hablan, como papel de china
me llevan al tiempo cuando era una niña
algunas veces, escucho y no entiendo
pero de vez en cuando, alguno de estos
relatos se queda grabado, me siento
que a veces estando en la noche dormido
despierto de un salto,y recuerdo…
trataré de contar, la historia entonces
de la misma manera que ella lo hacía
trataré de usar las mismas palabras
a la vieja usanza, a ver si me sale
Estaba, pues, un día la niña
a la sazón, en un funeral de familia
quién era el muerto, en realidad no sabría
decirles, que es lo de menos, lo que importa
es que había mucha gente, comida, llantos, gritos,
y claro, por otro lado música, juegos, chistes y pitos
Como era funeral de pueblo, se juntaba todo
o al menos una gran mayoría
todos resultaban ser conocidos
y en algún grado, parientes lejanos.
Entretanto la niña, con tanta alharaca;
se suelta de la mano de su madre querida
se va dando brincos en el cementerio
fascinada con la muerte que la curiosidad pica
sin miedo camina entre los corredores
observa los niños, las tumbas, las flores
se va alejando, hasta que el bullicio
se va convirtiendo en un sordo murmullo
de modo que llegó sin quererlo
al frente de uno de los mausoleos
con puertas de vidrio, cerradas con llave
y un solo nicho al centro de la nave
¿Quién será la persona? se pregunta
que en tal lugar podrida yace
las paredes son sucias, plantas no tiene
como que a visitarla ya nadie viene
una lápida menor a la izquierda
le invita a subir, y ella
rápida como la idea de ver a lo lejos
el féretro entrar en la tumba que al fin
dará al muerto su paz eterna
se sube a la piedra, se raspa
no le importa y de un brinco queda
montada en la última morada
de la persona que allí se hospeda.
de pronto, el viento le lanza una ráfaga
siente frío, un leve mareo
los oídos zumban en un siseo
de abejas que invisibles parecieran
Sin querer baja la mirada
y a sus pies, encuentra tallada
en la tumba, ciertos escritos
en otro idioma, de otros tiempos y ritos
algo dirán de la persona que allí, osada
intente profanar el descanso eterno
todo es ahora extraño, raro
quiere bajar, pero no puede
Alguna extraña fuerza se lo impide
quiere gritar y en la garganta se anuda
la agonía de lanzar una queja muda
¡Qué estás haciendo! escucha el grito
como trayéndola de algún sitio oscuro
la niña regresa, su madre, furiosa, ya casi al punto
de bajar a la traviesa de la oreja
¿Qué no te he dicho que hay que respetar?
¡Te bajas ahora mismo y ajustamos cuentas!
La niña reacciona, voltea y temerosa
más del castigo que de la extraña cosa
que acaba de pasar
se baja obediente, mientras escucha
a su madre que sin parar repite
que a los muertos se respeta, que ya no chingue.
De allí a la noche, todo normal
del incidente al entierro, de allí al rancho
hasta caída la noche que todos temprano
se despiden, hasta mañana, y se van a acostar
La niña, olvidada del episodio anterior
tranquila se acuesta se duerme tranquila
sin advertir que mientras la oscuridad la envuelve
algo a su alrededor sucede
las horas que pasan se hacen pesadas
empieza a soñar que la persiguen
seres que la persiguen a todos lados
con caras extrañas, horribles rasgos.
El sueño parece recurrente
como si saliese de uno para empezar en otro
más desesperante aún, y para colmo con los mismos entes
se siente sudar, se sabe dormida
entiende que para salir de este trance
es necesario hacer un esfuerzo, pegar un grito, hacer algo en serio
al fin se despierta, abre los ojos
para encontrarse con la negrura
del solitario cuarto que le depara
el peor susto que le han dado en su vida
desesperada se revuelve en la cama
se sienta, se despabila, abre los ojos
y cuando al fin se acostumbra a la penumbra
un grito mortal la sangre le enfría.
ante sus ojos, del otro lado del cuarto, una persona
de forma de mujer, vieja, horrenda
transparente, etérea, pero al mismo tiempo real y patente, la observa
su pelo crispado y canoso se encuentra
con un rostro seco, con arrugas, ojos saltados
abiertos completamente; en la boca una mueca
todo en ella es furia, ira rabia contenida
en sus manos, como un comal lleno de carbones al rojo
encendidos al máximo, le dan a su rostro
la más infernal apariencia posible
La vieja no habla, más la niña
se imagina que dijera !Quiero tu alma!
¡Soy una bruja y me consumo
con estos carbones encendidos siempre
y caerá la maldición sobre el que ose
profanar el techo de mi tumba!
¡Tú, que fuiste la primera
en turbar mi tormento eterno
ahora sufrirás lo mismo
teniendo que cargar el comal del muerto!
La niña se siente desmayar
¡Qué hago! ¿Rezar? tal vez sirva de algo
pero mientras a Dios ruego, con qué mazo
trato de despertar de este horrible sueño
a su alrededor mira y recuerda la lámpara en la mesita de noche,
como puede se estira, la alcanza,
enciende la luz artificial que como milagro ilumina el cuarto
La vieja se hace humo quedando solo el silencio y el murmullo
del viento, que sereno acaricia la ventana como terciopelo.
La niña se tranquiliza, pero escalofríos la recorren
se levanta corriendo en un arranque de valor
hacia el cuarto materno, y de un brinco
se mete a la cama de su madre que despertando pregunta ¿Qué ha sido?
Nada mamá, miente la niña, un mal sueño solamente
pero quisiera, si no es mucho inconveniente
quedarme contigo solo por esta noche.
La madre la toca ¡Pero si estás hirviendo en fiebre!
te daré algo para que te baje, y por si acaso
un remedio de las viejas que puede
quitar el maleficio de pararse en tumbas ajenas.
Tal es la historia que contaba mi abuela
dos días pasó con calentura, y con un par de recetas
secretas, por supuesto, pudieron darle cura
a semejante malestar que le aquejaba
Eso me explica porqué por las noches
siempre había una lamparita encendida
en su cuarto, y mas de alguna vez
la escuché asustarse y hasta gritar
cada vez que una sombra veía
asomarse por la puerta, la pared o la rendija